La temporada ciclónica del Atlántico de 2026 está llegando a su recta final y el balance es claro: fue una temporada más tranquila de lo habitual. Hasta finales de octubre se habían formado diez tormentas con nombre y apenas un huracán, una cifra muy por debajo de lo que suele registrar la cuenca en un año promedio. Para el Caribe, y en particular para la República Dominicana, la noticia es positiva, aunque los especialistas insisten en que la calma de una temporada nunca debe confundirse con la ausencia de riesgo.
La temporada oficial comenzó el 1 de junio y concluye el 30 de noviembre. Históricamente, los meses más peligrosos para el Caribe son agosto, septiembre y octubre, cuando las aguas del Atlántico tropical y del mar Caribe alcanzan sus temperaturas más altas y las ondas tropicales que salen de África encuentran condiciones favorables para organizarse.
El pronóstico: menos actividad por El Niño
Antes de que comenzara la temporada, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ya anticipaba un año por debajo del promedio. Su pronóstico estimaba entre 8 y 14 tormentas con nombre, de las cuales entre 3 y 6 se convertirían en huracanes y entre 1 y 3 alcanzarían la categoría de huracán mayor, es decir, categoría 3 o superior en la escala Saffir-Simpson.
La agencia asignaba un 55 % de probabilidad a una temporada por debajo de lo normal, un 35 % a una temporada promedio y apenas un 10 % a una por encima del promedio. La razón principal era el fortalecimiento del fenómeno de El Niño en el océano Pacífico. El Niño genera vientos cortantes en las capas altas de la atmósfera sobre el Atlántico, y esa cizalladura impide que las perturbaciones tropicales se organicen y se intensifiquen. En un año promedio, el Atlántico produce alrededor de 14 tormentas con nombre, 7 huracanes y 3 huracanes mayores.
El Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) confirmó esa lectura durante la temporada. Su directora, la ingeniera Gloria Ceballos, explicó que la actividad reducida respondía al efecto de El Niño y que los vientos en altura neutralizaban el desarrollo de las tormentas, reduciendo la probabilidad de que alcanzaran intensidades mayores.
Diez tormentas y un solo huracán
Los hechos confirmaron el pronóstico. La primera tormenta de la temporada, Arthur, se formó el 17 de junio y afectó parte de la costa noroeste del golfo de México. Un mes después, el 19 de julio, se formó la tormenta tropical Bertha en el noreste del golfo, frente a la costa oeste de Florida, y avanzó lentamente afectando la costa sur de los Estados Unidos.
En septiembre, la tormenta tropical Edouard tocó tierra cerca de la frontera entre Texas y Luisiana. Y ya en octubre, el huracán Isaías se convirtió en el sistema más fuerte de la temporada: se formó como tormenta tropical el 7 de octubre en aguas del golfo de México y al día siguiente alcanzó la categoría de huracán, continuando su rumbo hacia la costa norte de los Estados Unidos sin representar peligro directo para el territorio dominicano.
La última tormenta con nombre, Josephine, se disipó el 22 de octubre. En total, la temporada registró diez depresiones tropicales, diez tormentas con nombre y un solo huracán, sin huracanes mayores.
República Dominicana: sin impacto directo, pero en alerta
Para la República Dominicana, la temporada transcurrió sin el impacto directo de ningún ciclón tropical. Sin embargo, eso no significa que el país estuviera libre de sobresaltos. El Indomet tuvo que aclarar en octubre por qué seguían apareciendo perturbaciones en el Caribe occidental en esa época del año, explicando que es un patrón habitual de la temporada: al acercarse el cierre del ciclo, las aguas del golfo de México y del Caribe occidental adquieren un papel preponderante en la formación de estos sistemas, mientras que en los meses de más calor la mayoría proviene de ondas tropicales que emergen de la costa occidental de África.
La ubicación geográfica del país lo mantiene entre los más expuestos de la región. Los principales riesgos no son solo los vientos de un huracán, sino las inundaciones urbanas y rurales, los deslizamientos de tierra, las marejadas costeras y los daños a la infraestructura eléctrica y vial que pueden provocar las lluvias asociadas a cualquier sistema tropical, incluso a uno que no toque tierra directamente.
Lecciones que deja la temporada 2026
La primera lección es que los pronósticos estacionales describen la actividad general de la cuenca, pero no dicen dónde impactarán las tormentas ni cuántas tocarán tierra. Una temporada tranquila en números puede ser devastadora para un solo país si un huracán cruza su territorio. Por eso los organismos de emergencia insisten en que la preparación no depende del pronóstico, sino del riesgo permanente.
La segunda lección mira hacia adelante: el cambio en los patrones del clima y la variabilidad de fenómenos como El Niño obligan a mantener actualizados los planes de prevención, los sistemas de drenaje urbano y la infraestructura crítica. Cada temporada deja datos que mejoran los modelos y la capacidad de respuesta del país.
La temporada ciclónica de 2026 cerrará oficialmente el 30 de noviembre. El Caribe la recordará como un año de actividad reducida, pero la experiencia de décadas enseña que la próxima temporada empieza a prepararse desde ahora, con la misma seriedad de siempre.
Fuente: Wikipedia

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