Cada mes, miles de dominicanos que viven en el exterior envían dinero a sus familiares en el país. Esas remesas, que llegan desde Estados Unidos, España y otros países, se han convertido en uno de los pilares más sólidos de la economía dominicana. En 2026 el flujo no solo se mantiene: crece y se acerca a un nuevo máximo histórico, con efectos directos en el consumo de los hogares, en la estabilidad del peso y en las reservas del país.
Un flujo que no se detiene
Entre enero y septiembre de 2026, el país recibió 9,489.8 millones de dólares en remesas familiares, según el Banco Central de la República Dominicana. La cifra representa un aumento de 577 millones de dólares, equivalente a un crecimiento de 6.5 por ciento, frente al mismo período de 2025.
Solo en el mes de septiembre ingresaron 1,057.1 millones de dólares, unos 65.3 millones más que en septiembre del año anterior, lo que equivale a un incremento interanual de 6.6 por ciento. Es un ritmo que, de mantenerse, llevaría el total del año a unos 12,600 millones de dólares, según las proyecciones del propio Banco Central, superando así el récord de 11,866.3 millones registrado en 2025.
Entre 2010 y 2025, las remesas pasaron de 3,682.9 millones a 11,866.3 millones de dólares: se multiplicaron por más de tres en quince años.
De dónde viene el dinero
Estados Unidos sigue siendo, por mucho, el principal origen de las remesas que recibe República Dominicana. En septiembre de 2026, desde ese país llegaron 780.1 millones de dólares, equivalentes al 80.9 por ciento del total canalizado por vías formales. El Banco Central explica que este comportamiento está estrechamente relacionado con el buen desempeño del mercado laboral estadounidense, especialmente del sector servicios, donde trabaja una parte importante de la población dominicana residente en ese país.
España ocupó el segundo lugar, con 59.9 millones de dólares en septiembre, el 6.2 por ciento del total, seguida de Italia, Haití y Suiza. Esta diversificación hacia Europa reduce la dependencia de un solo país.
En cuanto a la distribución dentro del país, el Distrito Nacional captó el 51.2 por ciento del flujo ingresado en septiembre, seguido de las provincias Santiago, con 9.5 por ciento, y Santo Domingo, con 6.6 por ciento. La concentración en la capital refleja tanto el tamaño de su población como la presencia de las principales empresas remesadoras y sucursales bancarias.
Cómo se cobra y quién lo recibe
Las remesas no solo crecen en monto: también cambia la forma en que llegan a las familias. De enero a septiembre de 2026, el 49.58 por ciento de las remesas se pagó en pesos dominicanos y el 50.41 por ciento en dólares estadounidenses. En 2020, la parte pagada en pesos era de apenas 31 por ciento, lo que muestra una tendencia clara: cada vez más familias prefieren recibir el dinero directamente en moneda local, lista para gastar en el colmado, la farmacia o el pago de servicios.
Por canal de pago, las empresas remesadoras entregaron el 63.26 por ciento de las remesas en ese período, mientras que las instituciones financieras pagaron el 36.74 por ciento, la proporción más alta para los bancos desde 2010. El avance de los bancos refleja la mayor bancarización de las familias y la comodidad de recibir el dinero directamente en una cuenta.
Otro dato relevante es quién recibe el dinero: las mujeres recibieron el 52.07 por ciento de las remesas entre enero y septiembre de 2026, y los hombres el 47.93 por ciento. En muchos hogares dominicanos son las madres, las esposas y las abuelas quienes administran estos recursos y deciden en qué se gastan.
Qué significan las remesas para la economía
Las remesas son una de las principales fuentes de divisas del país, a la par del turismo y las exportaciones de zonas francas. Su constancia ha contribuido a la estabilidad relativa del tipo de cambio: al 30 de septiembre de 2026, el peso dominicano se había apreciado un 5.4 por ciento frente al dólar estadounidense con respecto a diciembre de 2025.
Además, el flujo de divisas permitió que las reservas internacionales cerraran septiembre en 15,239.9 millones de dólares, equivalentes al 10.5 por ciento del producto interno bruto y suficientes para cubrir unos 5.4 meses de importaciones, un nivel por encima de los umbrales recomendados por el Fondo Monetario Internacional.
Para las familias, el efecto es inmediato: las remesas pagan alimentos, alquileres, colegiaturas, medicinas y mejoras en la vivienda, y en muchas comunidades del interior mantienen en movimiento el comercio local.
El reto: que el dinero rinda más
El desafío para los próximos años es que una mayor parte de ese dinero se convierta en ahorro, inversión y bienestar duradero. Cuando se cobra en una cuenta bancaria, es más fácil guardarlo o destinarlo a un pequeño negocio o a la educación de los hijos.
Por eso, las autoridades y las instituciones financieras promueven que los receptores abran cuentas y usen servicios formales: cada dólar que llega es fruto del trabajo de un dominicano lejos de su tierra.
Las proyecciones del Banco Central apuntan a que 2026 cerrará con un nuevo récord. Si se cumple, será otra confirmación de que la diáspora dominicana sigue siendo uno de los motores más confiables de la economía nacional.
Fuente: Diario Digital RD

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